domingo, 16 de octubre de 2011

QUÉ ES SER MILITAR


Fernando Vargas*


Cuando tuve el gusto -y el tiempo- de ser profesor de la Escuela Militar de Cadetes “José María Córdova”, siempre quise, como civil que soy, saber el por qué estos jóvenes habían escogido la carrera militar, habiendo tan buenas opciones en el mundo de las otras profesiones, con menos riesgos, más pausadas, estables, con mayor reconocimiento social (sobre todo en las altas esferas sociales) y con mejores posibilidades económicas. Luego de su paso por la educación pública o privada, llegan a la Escuela cargando falencias de formación que, en la búsqueda permanente de una educación integral, se tratan de superar durante los años de permanencia en el claustro militar.

Cuando ocurre el retiro de algún alumno, siempre es un momento tenaz y doloroso para él pues se siente frustrado. Lo mismo sucede cuando ese joven no logra el cupo de ingreso. La mayoría de los Alférez no sabían definir ese elemento: el ¿por qué anhelaban ser militares?, pese a lo cual son enfáticos en asegurar que ese es su sueño y su deseo: Ser Oficiales del Ejército nacional. Estos alumnos viven momentos de inmensa alegría y orgullo cuando reciben su primer ascenso a Alférez y a Subteniente: Su primera estrella, acompañada por unas lágrimas de sus padres que los siguen en su felicidad, aunque me temo que también, con resignación o con angustia, se hacen la misma pregunta: ¿Por qué?

Con profunda fe en Dios, su anhelo es llegar a ser Generales, o que se lo permitan; sueñan con alcanzar victorias militares que trasciendan a la historia; que les sean puestas todas las medallas, en especial aquellas que se consiguen en el campo de batalla: “las grises”, las de orden público; están dispuestos al sacrificio, al más alto, el más sublime y humano de todos: dar su vida en el cumplimiento de su misión, que es la protección del pueblo colombiano, de ese pueblo en el que nacieron y al que pertenecen, porque allí, con alguna honrosa excepción, brillan por su ausencia los apellidos que deslumbran en aquellas fiestas que registran las paginas sociales de las revistas. ¡Qué vergüenza! Aquellos que tienen frente a la historia la más alta responsabilidad con el destino del país, acobardados con sus hijos, conciertan la estrategia indigna, de claudicar sin luchar. Usufructúan las mieles del poder, sin merecerlo, sin virtudes. Para sobrevivir, la principal condición que debe tener un país, más que la trillada “inversión”, es tener el liderazgo de una clase dirigente digna de ese titulo. “Traerán su propia soga…” decía con mucha razón, Lenin.

Ante este escenario, de unos que sin tener nada lo quieren dar todo por todos y, otros que teniéndolo todo, le sacan el cuerpo a los peligros y sus responsabilidades, encontré la respuesta a mi pregunta inicial. No era tan complicado. Lo que ocurre es que contiene una razón inmaterial, espiritual: Estos muchachos nacieron con una vocación, con una inspiración, con un llamado de servicio, con virtudes de sacrificio y entrega; con los dones que El Creador sólo le da a aquellas criaturas que Él escoge. Por eso, pese a las dificultades - sobretodo la insolidaridad, intolerancia e indolencia, de aquellos que debiendo estar a su lado no lo están- son felices cumpliendo su misión, son felices vistiendo su uniforme y, puedo asegurar que son felices si viven, pero sublimemente felices si mueren combatiendo, rescatando secuestrados, liberando pueblos del yugo de los grupos narcoterroristas. Por estas razones, el pueblo los pide, siempre los ha querido, porque para apreciarlos se requiere la inocencia del ser incontaminada de sesgos ideológicos que florecen como mala hierba en los jardines de los claustros de educación.

Luego su vida gira en torno a su misión. Alejados de sus familias, esposa e hijos; a su Club, si al caso, pueden ir una vez al año; las noches de navidad o año nuevo la pasan en vela, cuidando pueblos y vías, para que los colombianos podamos disfrutar en nuestros hogares, con nuestras familias, de estas tradicionales celebraciones; su labor no tiene horarios, ni horas extras. Esta disciplina y entrega sólo es posible gracias a esa dote humanitaria que los motiva. Van por la vida erguidos, con la frente en alto, orgullosos de ser militares, luciendo disciplina que engalana su ejemplo. Esa vocación imperceptiblemente se transformó en honor y éste es el marco del cual nunca se apartarán en la vida: El Honor Militar. Y todos sus actos fijados en los principios y valores cristianos, quedan regidos por la búsqueda del bien común, del bienestar de un pueblo, del bienestar de la patria, fines que cumplidos les dan gloria y grandeza al militar, a su familia y a la institución y que si faltan a ellos cargarán inexorablemente con el señalamiento de su conciencia y su institución.

“Los ejércitos vienen a ser el más alto, puro y noble servicio nacional. Los soldados, entran a los cuarteles, no por la paga, ni por ningún estímulo pequeño, sino porque quieren servir a su nación….con el fin de que los demás vivan en paz, siembren, produzcan, duerman tranquilos y sus hijos y sus generaciones venideras, sientan que la patria sea un sitio bien amable y bien guardado” expresó el ex Presidente Alberto Lleras Camargo.

Si en el ejercicio de su misión son calumniados, perseguidos y llevados al escarmiento público de encarcelarlos, mancillando su nombre y su familia, en silencio se aferran en confianza a lo que llamamos el Estado de derecho, el sistema político que garantiza la democracia y que con sus vidas defienden. No tienen cómo pagar costosos abogados y con lágrimas de dignidad pasan años esperando una justicia que se supone pronta, aplicada por hombres y mujeres que, cuando no desconocen los temas de la guerra, militan ideológicamente en el bando subversivo, lo que en la doctrina izquierdista se denomina: combinación de las diferentes formas de lucha. Saben que son inocentes, pero en el follaje espeso de normas y procedimientos legales hábilmente manipulados por sus enemigos, se busca pisotearles El Honor, esa substancia intrínseca del ser militar, que en palabras de Calderón de la Barca “es patrimonio del alma y el alma es solo de Dios”

Jorge Eliécer Gaitán, en la madrugada del 9 de abril de 1948, día de su asesinato, realizó la defensa penal del Teniente Cortés, en donde vehementemente expresó: “El honor es uno de los valores morales de la especie, trascendental y más importante que el valor de la vida, porque representa una conciencia colectiva. Es el respeto que por nuestra conducta hemos logrado conquistar….Tan cierto es esto que los deberes del honor son distintos aún dentro de la misma sociedad….Afirmo aún más: no es la misma la exigencia que la sociedad le hace a un civil que la exigencia que sobre la dignidad personal se le hace a un militar en el mismo caso. Le basta al hombre civil ser un ciudadano normal, común, corriente, sin que nadie pueda gritarlo o hacerlo desmerecer en nivel del elevado concepto social si no resulta ser valiente. Pero eso no le está permitido al militar. El militar queda deshonrado donde no queda deshonrado el civil. De ahí que sintamos desprecio por un militar que nos digan que es cobarde…que no es valiente.”

Quedo satisfecho con la respuesta encontrada a la pregunta que inició este artículo y ratificando mi absoluto respeto y admiración por el honor militar, me integro a la afirmativa Bíblica: “A los que por su perseverancia en hacer el bien buscan gloria, honor e inmortalidad; vida eterna” (Romanos 2.7)



*Abogado, Experto en DDHH y DIH, profesor Militar y conferencista de varias Universidades. Autor de 10 libros

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